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El COLE (MIS AMIGOS)

Archivado en Pasiones, disfunciones y cuentos • Fecha: 10-01-2005 10:10:18

Recuerdos imborrables

Nos juntábamos en el escalón de la puerta que daba al patio del recreo y bien pegaditos, urdíamos un entramado de frases que nos hacían estallar en carcajadas. Sentados en los pupitres, sujetando los mofletes para no dejar escapar ni un resoplido,las orejas granas delataban otras ristras de risas que aguantábamos sudorosos.

Éramos una panda: Javi, Sergio, Elboni, Jésus, Jorge, Olga, Mamen, Marijose, Edu, Maribel, Elisa, Félix, Víctor, una unión indisoluble que se enfrentó tempranamente con profesores y maestras déspotas o ridículos como "el bigotón" o "la luchi". El parquet del gimnasio recordará sin dudas cómo defendíamos a las indefendibles pelotas de la clase de las injusticias a que las sometía el seboso profesor de gimnasia.

_¡Qué saltes te digo!- y Paloma se clavaba el potro entre pecho y espalda con la cara chorreando lágrimas y vergüenza. Pocas veces más repetía la estúpida órden el estúpido maestro. Porque yo saltaba indignada y mis amigos plantaban el paso justo detrás mío con las mismas acusaciones. Se me hincha el pecho de orgullo al recordarlo.

Éramos muy pequeños! Segundo, tercero, cuarto, quinto de E.G.B., fueron mi paraíso de libertades, amistades y solidaridad.

No hablo de una banda de superhéroes, pero sí recuerdo aventuras llenas de valor y con un propósito transparente, que nadie nos dividiera, ni nos hiciese la puñeta.

No sabíamos lo que eran las peleas ni se conocían por aquel entonces los terrores de patio, los linchamientos infantiles. Alguna bronca tuvimos seguro, las chupaculos con las más rebeldillas, los bravucones con los graciosillos de la clase, pero no llegamos a mayores. Jamás. Eso sí, como se pusiera un borrador de examen a güebo... la nota media de la evaluación era de ochos pa'rriba. Y no para unos pocos, sino de toda la clase... ja, ja, ja, qué gente. Una vez nos suspendieron a todos, debida la solidaridad inocente con la que repartimos las preguntas del examen. Y aunque parezca extraño, en el grupo había de todo: el empollón, el gafotas, el gordo, el bocas, el guapo, el chulo, la tiabuena, la colgá (esa era yo), la superlista, la más inocente que Heidi... de lo mas ecléctico... ah, y la fumona, mi querida Marijose, lo que fumaba la jodía, tenía la misma voz que Umbral pero con diez años.

Cuando regañaban a uno, salíamos todos en fila a juntar hombros con brazos y ojos con ceños fruncidos para dejar claro que nadie estaba solo. No sé de dónde sacamos esa fuerza, ni qué ha sido de ella ahora que todos andamos deslavazados y perdidos. Sólo sé que no pasa un día en que no recuerde aquellos niños valientes y llenos de risas. Sobre todo de Risas. Pero, meados, si teníamos que bailar para la fiesta de fin de curso.

Kumbo kum-boooo la-lá, kum-bó, kum-bó, la-í!... Todavía funciona, si me concentro, los veo ensayando con ahínco, vergüenza por estar tan pegados los chicos con las chicas y el cosquilleo de un juego que no terminaba de despertar.

Todavía amo a quién amé de niña. Me preguntaban llanamente y yo respondía con claridad meridiana:

_Quiero a Jésus. Así, con el acento en la É. Y los mayores se miraban azorados ante tanta naturalidad. Pero es que lo amaba. Con una pureza que no llego a descifrar. Simple. Sin cuestiones. Ni era el guapo, ni el más listo, ni el más simpático. Era único. Era Jésus y él recuerda seguro lo mismo que yo. Sin un beso, ni una mano cogida a la mía, sin una declaración de intenciones, sólo AMOR, del grande, del que se va y no vuelve nunca. Mi salvador, ese sí que fue mi héroe. Años después charlábamos del día en que un coche de polis nos quiso "dar un paseo" para enseñarnos la "sirena". Jésus, el tímido, el buen alumno, el callado, me lanzó un "corre, vete a casa, YA!", y en dirección contraria corrió él. Así corrieron nuestras vidas, en dirección contraria, y así debe ser porque es la única manera de que el amor puro de la infancia permanezca intacto, como lo están mis santos recuerdos, mis risas, mis orgullos, mis valentías, mis AMIGOS.

Por eso, cuando estallan las carcajadas desde mi garganta hasta el techo del salón y saltan como cabras por las ventanas, hay una niña bien despierta dentro de mí que es la que se ríe. Y con ella los diez años mejores de mi vida, los primeros.

Peter Pan nunca se fue de mi habitación.

Escrito por Sofía Álamo Mínguez
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