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españa minúscula, no ve, no oye, no siente...

Archivado en Pasiones, disfunciones y cuentos • Fecha: 10-03-2005 21:58:53

No sé por dónde empezar. Tal vez, la fecha indicada sea la del 26 de enero de 2.002, día en que un cachorro de apenas tres meses, entraba en mi casa. Decir que llevaba soñando con ello más de treinta años es quedarme corta. Mi anhelo inmenso germinó en la zona más íntima de mi alma y me vio crecer modificada: creyendo que los otros también eran mis hermanos.

Cuando aquella criatura, tímida pero confiada, persistentemente alegre, empeñada en disfrutar, se coló por las rendijas de mi vida, estalló las costuras endebles de la estructura frágil que me envolvía y, como si de un oftalmólogo de la magia se tratara, graduó mi torpe visión enfocando con tal nitidez, que a poco si me clavo al suelo del susto:
¡LA REALIDAD ES, SIMPLEMENTE, ODIOSA!

Mis ojos se tornaron fuego y mi corazón comenzó a estrujarse de dolor. Ella, una Mrs. Scrooge impasiblemente dulce, me mostró en propias carnes otra versión de la película, obligándome a sentir como en un video “snuf”, de acuerdo con lo que mis ojos veían y mis oídos escuchaban.

Al considerar que ese perro que entra en mi vida es, como poco, igual que yo, en el acto, comienzo a semejarme a él. Y la gente deja de verme como era. Ven un perro, huelen a perro y apartan al perro. Tras de sí, también percibo el olor del rechazo, de la crueldad, de la indiferencia. Desaparecen los que me querían, surgen los que me desprecian. Mis orejas alcanzan a escuchar remotos lamentos sin palabras, y mis pasos pisan huellas de senderos mortuorios.

No todo es atroz. Me compensan impresiones que no cambiaré nunca, por nada. Como el disfrute de un sol nuevo, siempre en compañía; el sabor de un recibimiento intenso, podréis pensar que exagerado, pero tan sincero como generoso. El beso mojado que purifica mi rutina devolviéndome la libertad de ser Humana. En el único sentido digno que le queda a tan despreciable Ser. La amistad, ahora sé cómo suena. La lealtad, el apoyo, la protección, el consuelo, el amor. Nadie conoce lo que es una familia si no ha convivido estrechamente u observado con atención a seres de otra especie. Sobre todo perros, pero sin lugar a dudas también gansos, lobos, pingüinos, monos… ¡Qué poco sabemos de los otros habitantes!

La mente abre puertas, el alma se expande y el compromiso me impulsa irremisiblemente: ¡HAY QUE LUCHAR! Y lo mejor: por mucho que desprecie a mi maldita estirpe, me queda coraje para salvar, primero a mis hermanos y, tras ellos, a los míos, aunque no los sienta como mi manada, mi familia, mi propia especie, por demasiado crueles, demasiado egoístas, salvar al Ser Humano que todavía se vislumbra en nosotros: niños, ancianos, mujeres, explotados, oprimidos, marginados, están en mi corazón.

Necesito aprender. La comunicación es la libertad. Un gesto, una mirada, un lomo erizado, una cola revoltosa, un silencio hablador. ¡Ni la música dice tanto! Ya no sólo sirven las letras, si no que el roce meloso de un gato, que enrosca su cuerpo a tu pierna es una composición magistral del mejor de los poetas. Habla de compañía, de acuerdos mutuos, de colaboración, de afecto sin renuncias, de relación. La tensión que enerva mis músculos anunciada por la expresión alerta de esa amiga querida que no escatima un segundo en velar por mí, por su camada, en la oscura noche, mientras pasea.

Ahora que ya veo, ahora que puedo escuchar, ahora que mi voz no es sólo un sonido hueco, no me permito el gesto despreocupado, apilando cadáveres en el rincón cobarde de la memoria, ese donde echaba aullidos, gemidos, golpes anónimos, olés en las plazas, titulares de prensa, aros ardientes y restallantes látigos, autismos de zoológico, lametones tras cristaleras, substancias químicas, electrodos forzosos, cabezas disecadas, cuerpos desgarrados, mentes enloquecidas, cuellos estrangulados, millones enjaulados, millones explotados, millones despellejados, amputados, extinguidos… LA IMPUNIDAD, guarda la puerta de esa covacha mental, protegiéndose de la CONCIENCIA que se va desperezando con horror. ¡Tanto tiempo hubo hibernado!

Ahora, si apartara ese cáliz sangriento, mis manos temblarían y el remordimiento me robaría el sueño, intoxicándolo. Y mis ojos se agacharían buscando la tierra. Y miras, tienes que hacerlo.

Y lo que veo me asquea. España atada con cadenas a un deportivo europeo. Cadenas roñosas que llevan los perros en corrales perpetuos, condenas de pan y patadas. El ganado, enloquecido caníbal que se alimenta de sí mismo. Encadenadas las cifras de linces muertos, de osos, de lobos, zorros, buitres, cigüeñas negras… España de hoyos profundos donde ahogar millones de ecos que rechazan caza, corridas, peleas, matanzas, rituales festivos, pseudo-ciencia, pseudo-espectáculos. Indignidad vergonzante que una vez captada, tengo que denunciar, si me queda algo de Ser, algo de Vivo.

Las granjas de monos para que no falte “material” si es menester una vivisección aquí, una explotación allá. Galgos ahorcados en toda la península, allí donde ese eufemismo morboso, llamado deporte, deja difuntos incontables, y no sólo en los trofeos que conquista con el arma, si no en los perros de que se sirvieron para posibilitar tan grande hazaña. Toros esperpénticos que no levantan ni su propia cornamenta, ganado emponzoñado, venados amansados, aves desahuciadas, especies eliminadas. En fín, el maltrato, maltrato constante, consciente, corriente, consentido.

Grito sin descanso y ante mí, gritan millones que como yo ven y oyen, aunque mudos son para los que no tienen corazón, los que sólo miran sus ombligos, los que no escuchan las pesadillas que pueblan sus conciencias. No miran a nuestros ojos para no ver el abismo en el que nos envuelven.

Llevo algo más de tres años sin bastón, pero palos de ciego recibo los mismos. Varias comunidades autónomas agitan al aire sus flamantes nuevas Leyes de Protección Animal. Yo digo: cuando no son los ojos, son los oídos los que me recuerdan que todo sigue IGUAL, IGUAL, IGUAL. La cadena mugrienta bien sujeta al moderno carro. Y en vez de latas chocando en el asfalto, en la ceremonia macabra de esta españa minúscula y asesina desposada con una Europa que sólo por poderes consintió el casorio, lo que verdaderamente resuenan son los huesos de los muertos que le cuelgan tras de sí. Así de tétrica aparece la carroza nupcial al alejarse.

El que no oye es porque tampoco ve ni huele, ni ha sentido ni sentirá.

Justificar la barbarie argumentando que peores catástrofes nos golpean ahora, es apartar de un cartuchazo la sensibilidad, la salvación de nuestra DIGNIDAD.

A pocas horas de cumplirse un año de uno de los sucesos más horrendos que me ha tocado vivir, le pido a esta españa pequeña que sólo se mira así misma, que escuche, que los gritos no sólo los da el HOMBRE. Y que vuelva a escuchar, porque los que pedimos RESPETO, amamos A TODOS.

Animales, humanos o no, el Planeta Tierra en pleno es nuestro objetivo a reivindicar. Y empujaremos hacia lo alto en el mismo lugar, tanto la pancarta de NO A LA MUERTE PARA LOS HOMBRES, como PARA EL RESTO DE LOS HABITANTES de este lugar que no es nuestro.

Como madrileña, como vallecana, como Ser Vivo:

¡BASTA YA DE MUERTES!
EL FUTURO ESTÁ EN EL RESPETO.

Escrito por Sofía Álamo Mínguez
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Comentarios

  1. "...Ven un perro, huelen a perro y apartan al perro. Tras de sí, también percibo el olor del rechazo, de la crueldad, de la indiferencia. Desaparecen los que me querían, surgen los que me desprecian. Mis orejas alcanzan a escuchar remotos lamentos sin palabras, y mis pasos pisan huellas de senderos mortuorios..."

    Me doy por aludido, si; pq te queria(mos) y nunca desapareci(mos)...
    Dices cosas duras q habria q analizar.
    y ademas me encantan los perros...

    el polilla

    polilla — 17-03-2005 18:14:14

  2. ¡Qué va! Para Nada. No te des por aludido. Hay mucha gente (había) a mi alrededor, de verdad que no tiene que ver con vosotros.

    Lo de la dureza... es cuestión de implicación. Cuánto más te implicas, más palabras duras tienes que decir. Pero dureza sin verdad es otra cosa, es crueldad, es soberbia, prepotencia... yo no digo mentiras. No me sirven de nada.

    ¡Besos! Y por supuesto que encantada de charlar.

    Rita — 18-03-2005 02:18:30


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