Siempre dije que no habría regalo de cumpleaños que compensase la pérdida que había sufrido con tan sólo diez años. Ni lirones caretos, rayones, lobeznos, cervatillos o polluelos llenarían el vacío que dejaba su voz en mi alma.

Yo estoy segura de que, en otra vida, debí ser otro animal de una especie que caminara a cuatro patas y, tal vez, aullase a la luna, porque mis juegos infantiles consistieron en imitar a los grandes depredadores (o a los cachorros más tiernos, según se encontrase mi estado de ánimo), o escribir cuentos a la luz de la luna llena.

Tantas veces me sentaba muy tiesa en el sofá y le decía a mi madre:
-Anda, dame el de los leones.
A lo que ella preguntaba siempre:
-¿Te has lavado las manos?
"Pues claro, qué pregunta más tonta! Era mi tesoro más preciado, con las fotos más impresionantes y los dibujos más reales que había visto jamás ...¡Cómo iba a pringarlo de chocolate!"
Así que me pasaba horas con los libros tan pesados de aquella colección en cuyas pastas de color marrón, grabaron siluetas de delfines, leones, águilas, elefantes... Primero me aprendí las fotografías de memoria, más tarde, leí cada párrafo, cada estudio, cada observación apuntada. La mayoría de las veces sin entender mucho, al menos, eso creía yo... sin saber lo hondo que calaría su obra en mi.
Muchos ya sabéis que hablo de la colección de libros de Fauna (Salvat), de FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE. Aún están en casa, por supuesto, en un lugar preferente.
Los episodios de la serie EL HOMBRE Y LA TIERRA me causaron más intensa huella aún. Escuchar los primeros compases de aquella presentación musical tan salvaje, describiendo lobos a la caza, anacondas irreductibles, águilas vertiginosas, me impulsaba frenética a saltar sobre el asiento más cercano a la tele y no despegar los ojos hasta que el programa concluía, SIEMPRE, DEMASIADO RÁPIDO.
Mi familia y amigos se divierten rememorando cómo después de aquel aluvión de NATURALEZA imitaba los andares cansinos del león, rey de la sabana, a quien distinguía perfectamente de otros monarcas, como el de la jungla -el tigre-, o de los cielos -el águila-. Cadencias, saltos, sonidos, rituales, movimientos de colas, orejas y garras, eran mis herramientas de juegos, tan incomprensibles como cercanas. Era más difícil verme sentada en una silla que lo otro, lo de acurrucarme debajo de la mesa y sus cuatro sillas (mi guarida), o sobre el respaldo de algún tresillo (mi rama de árbol frondoso desde donde escudriñar acechante...).
Con mi adorado profesor aprendí sobre animales a los que por mí misma jamás habría descubierto.
¿Os acordáis del lirón careto? ¿O del Urogallo? ¿De la jineta, el macho montés, o el alimoche? ¡Cómo rompía las cáscaras de huevos apuntando bien con el pico y lanzando las piedras hasta dar en la diana...

Impresionantes las aparatosas cornamentas de ciervos y muflones peleando (los machos, claro) en las épocas de celo. O el vuelo majestuoso del águila real que se tornaba suicida al lanzarse a por su presa, en un picado de infarto.
Enganchada al soniquete peculiar de la voz del Doctor Félix, descubrí quién era el mayor enemigo de las Bestias y la Naturaleza: el hombre.
Del peligro de extinción de osos pardos, linces ibéricos, buitres negros. Viajé pegada a sus cuadernos de notas hasta las Tablas de Daimiel, los Pirineos, el Coto de Doñana, Cabañeros y tantos otros ecosistemas únicos en la península que subsisten a duras penas, olvidados por gobiernos y ciudadanos. Nadie como él supo contarnos la vida de los seres más preciados de la flora y fauna de este país.
Un día como hoy, 15 de marzo de 1980, hace 25 años, tuvo que morir dedicado a lo que más amaba: La Naturaleza en su estado más puro. Alaska se lo llevó en vísperas de mi décimo cumpleaños. No hubo ni habrá regalo que consuele su pérdida.
Pasado tanto tiempo y comprobado que su testimonio sigue vigente y válido y que su inconfundible forma de hablar no resuena ya; que en el vigesimo quinto aniversario de su desaparición, en pleno mes de marzo: mes que le vio llegar y que le dejó partir, nadie recoge el eco de las más sabias palabras dedicadas a los animales, a los ríos, a los bosques, al territorio español que late con fuerza y que sigue en peligro, me siento deudora de su paso por mi vida y trato de recuperar su esfuerzo, su tesón, su empeño por salvar lo que se acababa, por enseñar a respetar lo que nos rodea, y compensar el vacío dejado en tantos niños como yo y en todos los que tuvieron que crecer sin él, por eso me propuse escribir estas letras de homenaje, pequeño, pero sincero.
No dejo de exigir la reposición de sus series, la re-edición de lo que publicó y por supuesto, animo a todos a indagar, teclado en mano y ratón en ristre a través de las llanuras cibernéticas, todo rastro de su paso entre EL HOMBRE Y LA TIERRA.

SIEMPRE CON NOSOTROS, AMIGO FÉLIX.
Félix Rodríguez de la Fuente (Google)
Revista Digital Sierra de Baza
pagina personal de Miguel Pou
Amigo Félix
Aula Creativa
Ecología de Europa
Sólo Ciencia
Ibérica 2000
Filatelia
(si la inclusión de la imágenes que aparecen vulnera algún derecho de autor, les ruego me lo comuniquen de inmediato para eliminarlas del artículo. Disculpen mi torpeza en tal caso, sólo pretendo ilustrar mi regalo al Dr. F. Rodriguez de la Fuente. Gracias)
Gustavo — 15-03-2005 07:12:53
s3r raRø — 15-03-2005 09:03:44
Juanan — 15-03-2005 11:33:24
Rita B — 15-03-2005 12:57:23
Jaime — 04-01-2006 01:06:21