Hoy se celebra el “Día de la Hispanidad”. Lo pienso y no logro saber qué se celebra que hace sentir el orgullo de algunos tan dentro. Hagamos un análisis crítico, digamos lo que no se suele comentar en los informativos de la tele.
12 de octubre de 1492. Colón llega a América y empieza la masacre indígena. Llevamos enfermedades que no se conocían y para las que no tenían defensas, violamos a las mujeres, matamos o hicimos esclavos a los que hasta ese momento dominaban aquellas tierras, saqueamos sus tesoros e intentamos (y en muchas ocasiones conseguimos) imponerles una religión. ¿Eso celebramos? Es algo sorprendente que muchos latinoamericanos (¡un saludo!) nos vean como “sus raíces” y no como “sus conquistadores y opresores”. Es cierto que la lengua común une mucho, pero hay que recordar que la aprendieron a la fuerza y a costa de olvidar sus idiomas, que sobreviven parcialmente como substrato en los dialectos latinoamericanos del español. Es lo que tienen las colonias, neutralizan y hacen igual lo diferente.
Para terminar de hacer redonda la celebración, también es el día de las Fuerzas Armadas. Yo que ni tengo ni orgullo ni patria se me hace difícil estar de acuerdo con la existencia de militares en el planeta. No me atraen ni la disciplina militar ni el concepto de lealtad a un Estado. Apoyo las acciones humanitarias que puedan realizar, pero ninguna otra.
En resumen, es un día que no entiendo y con el cual no me identifico en ningún aspecto. Las “glorias del imperio” quedaron atrás hace mucho tiempo, aunque algunos las tengan presentes como si no hubiesen pasado. Yo prefiero recordar a quienes perdieron la vida a manos de quienes creyeron dioses. Su ignorancia no les advirtió del peligro. Durante esta celebración quiero tener muy presente que aún hay pueblos oprimidos que se resisten a ser iguales, porque son diferentes.
Como se suele decir, hoy no es mi día.