Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

ESE FUTURO TAN CIERTO

Archivado en Pasiones, disfunciones y cuentos • Fecha: 12-11-2005 12:11:05

Saber que tu hij@ no va a sobrevivirte es tan duro que no te deja opciones de consuelo, de reflexión. Debes olvidar inmediatamente tan nimio detalle y tratar de manejar esa relación como si el destino no estuviera escrito con tinta tan negra.

Como tal circunstancia es inevitable, un poso de urgencia, intensidad, desafío y locura se vierte en cada acto, en cada gesto, y el color de las horas que nos quedan se solidifica, convirtiendo el evento en una pasión sin freno no por ello desatinada. Un enfado no puede durar porque ya el reloj golpea la conciencia, y aunque tu amado hijo no se entere de tamaña desdicha, sí que parece que se asocia a tu arrebato poniendo a prueba sentido común, paciencia y energías.

Hay momentos en que el día se detiene frenando en seco. Tu mal humor rebosó las cotas autopactadas, una nimiedad se torna insoportable y la fuga de adrenalina baja los niveles de ira, vertiéndola sobre la criatura que parece ser que hoy cometió la torpeza desmedida. Sueltas tus sapos y culebras, el tono se eleva y endurece, los ojos clavan miradas que provocan dolor y el cuerpecillo culpable de no se sabe qué se encoje ante la hidra. El espejo de su retina asombrada te devuelve una imagen prepotente que no reconoces y la conciencia te golpea con otra imagen inapelable: el hijo que tanto amas, ese que hoy te desesperaba y rompía tus nervios, ha cumplido su jornada vital y lo tienes que ver desaparecer, desintegrarse, morir. Lágrimas inundan tus ojos, esa garganta antes hueca ahora se encoje y estruja el poco aliento que aspiras. Sabes que muchas madres antes han sufrido tal pérdida y que, grotescamente, ninguna de ellas se lamentará de tu desdicha. Suspiras resignada porque sabes tú también, a solas, que tu amor es tan grande como el de ellas y su incomprensión lo hace más digno, más libre. El gaznate se libera de la presión, el corazón bombea cadencias firmes y las lágrimas secan su humedad porque no es cierto que la vida te haya golpeado tan traidoramente. Aún no. Sólo es una advertencia:

¡Disfruta que no hay nada peor e inútil, que perder un presente escaso, que ya no tienes!

El cogotazo sufrido devuelve la cordura a tus gestos y la ternura a tus palabras. Le abrazas, besas y adoras, le explicas que el volcán no quemará, que el huracán será de amor, oleadas de alivio y paciencia. El juego sustituye al silencio y la urgencia que embellece vuestras vidas recupera ese crujido de papel de regalo que a todos excita pero a nadie molesta. En esta isla de afecto y prisas estáis tan solos que ni en una habitación rebosando personas repararían en esos pocos instantes de excelsa comunicación que tu hijo y tu os habéis profesado. La intimidad la tenéis asegurada, la sonrisa condescendiente y avergonzada también.
(Ni te fijas).

¿Cómo están tan seguras esas entregadas madres de que yo no siento lo mismo que ellas? ¿Porque yo no engendré a esta criatura no es más hijo mío que los suyos? Si lo crié apenas llegado a este mundo, le velé cuando enfermaba y cuando no también, dormí con él y le besé la tripilla, le curé sus ojos, le limé uñas y peiné, sin olvidar orejas o dientes y, desde luego, no escatimé un momento en perseguir sus pasos día tras día, vigilando que no cayera, que nada le cortase o tocase venenos y porquerías. Elegí sus parques, sus juguetes y alimentos, protegí su cuerpo de calor o frío y aprendí qué querían decir suspiros, gemidos y gestos. Sus ojos son mi diccionario y nada hay en sus ademanes que no me indique cómo se siente. Medicinas, educación y afecto forman parte de la maleta de nuestra relación de tal manera que si le arrancaran un pelo me arrancaban siete mechones a mí. Cuando sufre me desgarra, cuando se aburre bostezo, cuando se ríe, me eleva y si me besa, me rinde. Siento puñales si me separo de él, no disfruto ni pasa el tiempo cuando cierro la puerta y se queda al otro lado mirando al través, clavándome su pregunta incuestionable: ¿me abandonas?

Mientras se hace mayor, aprendemos a conocernos. Nuestras aficiones se tornan comunes y procuramos que ninguno dependa ni tampoco se desentienda. Es muy difícil porque no sabe dar un paso sin mí y mis pies se tambalean si no oigo sus pisadas cerca. Su latir es mi tambor, así que el ritmo de la casa se acompasa armónicamente al son que toca el hijo que tiene las horas contadas, los años escasos, el futuro escrito. ¡Otra vez caí en la trampa! Es un acto reflejo ver la guadaña levantarse y agachar la cabeza o pegar un salto para esquivar el sesgo de su filo. Aún así, o tal vez gracias a la certeza cruel, nos las apañamos para disfrutar cada instante, para aprender de los errores y disculpar(ME)nos al segundo posterior a la pifia que comeTImos. Nos amamos sin fisuras, desde hace cuatro años. Ininterrumpidamente, desde el instante en que le cogí en mis brazos y nos miramos a los ojos.

Le defendí de rechazos, de ataques, de envidias y rencores, de ignorantes e imprudentes; mi lucha consistirá siempre en buscar un sitio digno y seguro en la sociedad y en su entorno más cercano para los días que han de venir. Le alejo también de falsos cariños, de juegos violentos, de manos irresponsables y deseos perversos. Sólo en mi cuidado confío y, aunque me consta que no soy infalible, me siento mejor si mi equivocación parte de mi torpeza y no de mi imprudencia o de mi temeridad al otorgar responsabilidades a individuos que no entienden lo que les entrego cuando pongo en sus manos a mi hijo, a lo que da sentido a mi vida. Me cuesta horrores delegar tan preciado tesoro y no respiro hasta que, al regreso, comprendo que la suerte nos acompañó y podemos seguir caminando juntos, indisolubles. Así lo debe entender mi criatura pequeña y alegre porque festeja cada encuentro como la primera bienvenida y la última despedida. Sus saludos emocionan aunque se sucedan en breves intervalos de tiempo en la misma mañana. Salir a comprar el pan conlleva una suplicante petición e idéntico festejo intenso y sincero al comprobar que una vez más no me marché para siempre. Cinco minutos se cuentan como una eterna condena o una milagrosa estancia en la Gloria. ¡El tiempo, el tiempo! ¿Es mucho más consciente que yo de que el dichoso tiempo golpetea nuestras horas inclemente? Dije que no llena de dudas.

No creo que a nadie le moleste que le digan lo grande que se está haciendo su hijo. A mi me preguntan la edad del mío y traduzco un literal recuerdo de su condena a muerte. No hay indulto, el corredor acorta sus pasos aunque te pegues al suelo inmovilizándote hasta la asfixia. Un año más, un año menos. Así de claro. Sólo cumplí 35, me siento tan fuerte y joven que creo poder derribar a la puta Muerte de un derechazo si se me pone a tiro. Pero se que no. Y le ruego que me perdone el irreverente atrevimiento.

¡Parca, fueron los celos, fueron la angustia y la ceguera las que me impulsaron a mentarte siquiera! ¡No me escuches, no me sientas, no repares en mi, pasa de largo que hay tanto que arrasar, tanta guerra en la que señorear, que no merece la pena fijarse en mi hijo, lleva muy poco tiempo conmigo, lo justo para incarse en mis entrañas y solidificar junto a mis huesos! ¡Fruslerías para tí! ¡Un año más, un mes más, un dia más! ¡POR FAVOR!

¿Qué haré cuando se haya ido? ¿Qué haré cuando le sienta desfallecer? Cuando sus bríos se agoten, sus ganas se tornen sueños y sus sueños despedidas ¿Qué va a ser de mi? ¿Cómo afrontar sus buenos días, su calor en mi regazo, su soñar inquieto, y comprender que no son más que los recuerdos pegados a la cama, a mi delantal o a mi alma que no acepta su marcha?

Es ley de vida”; “la naturaleza manda” y tonterías así destrozarán mis tímpanos y corazón, mientras mil gritos desaforados tratarán de agrietar garganta, pecho y espalda para saltar hacia el infinito y buscar a mi hijo por donde coño quiera que la Puta Muerte y su Natural Ley de la Vida se lo hayan llevado.

Cuando llegue ese maldito momento espero estar preparada. Quiero ver como su cuerpo atlético y vivaz se acostumbra a la achacosa marcha de la Natural Ley Vital y cómo mientras sus latidos se apagan, la madre que no le ha parido le colma de amores atentos, pacientes, alegres y despreocupados. ¿Quién necesita una Piedad lacrimógena y cerúlea encharcando tu devenir y tu rostro con lágrimas y mucosidades? Prometo portarme bien y perder el tiempo sesteando, caminando entre pinos y encinas, buscar afanosa agujeros de ratón y avisperos siseantes. Prometo nunca negarme a un beso o un revolcón en la hierba, por mucho que pique después. Prometo levantarme temprano y acostarme la última para que los días se equivoquen en las cuentas y nos regalen horas que otros desaprovechan. Prometo dejar este tecleo insano y darte todo eso que las otras madres dan a sus hijos orgullosas de ser las únicas en entregar cuerpo, corazón y vida sin saber cuándo, cómo y por qué un día ellas se irán dejando detrás un ser que las recordará y tal vez las guarde hasta el fín de sus días en su memoria, así como ellas los llevaron en sus entrañas. Yo no te engendré pero te lato, te trago y te respiro y pasarás conmigo los años que me queden por arrastrados o prósperos que sean, tan dentro de mí que nadie reparará en que fui tu madre y que tuve que ver, MALDITA PUTA MUERTE NATURAL, como te llevó antes que a mí.

Y para colmo, agradecerle a la sabia Guadaña huesuda que así fuera porque si soy yo quien la palma antes... a nadie le importará tu llanto y tu soledad. Y me pudriré en un infierno de congojas incapaz de protegerte de todo mal hasta el fin de tus naturales días.

Eso sí, ¿MADRE YO, DE QUÉ?

Te quiero con todo el amor que se generar para tí, aprenderé a verte morir deprisa, sabré abrazarte y entretenerte, te ofreceré calor y cuidados y cuando esa bicha te quiera a su lado le contaré que necesitas que te arropen en invierno, que no soportas la lluvia y que nada te hace más feliz que una siesta bien abrazados.

Cuatro años juntas, ni un sólo día se rompe para separarnos, ojalá sean otros cuatro, ¡diez más! los que esta madre de incógnito pueda seguir a tu lado, aprendiendo, adorándote, disfrazada de dueña de perro.

Sofía Álamo Mínguez
A Rita.

Escrito por Sofía Álamo Mínguez
(9) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Podría parecer que juegas con las palabras para evocar sentimientos que no deberías sentir. Pues como se va entendiendo a medida que se lee, la maternidad alcanzada por medio del parto no está entre tus posesiones.
    No obstante esto ... ¡NO, COÑO!, precisamente por ello, es imposible dejar de sentir lo que seguramente sentirán esas madres que aman a su progenie, gracias a tu gran capacidad de plasmar en un "papel" tanto amor.
    Yo que tampoco soy madre, pues soy padre, me ha gustado identificarme contigo y reivindicar que no es el cordón umbilical lo que une tanto después de haber nacido, sino el corazón puro de los seres. Y aquí tenemos las de perder, pues el paso de "ser" a "ser humano" conlleva la perdida, quizás por olvido, de muchas cualidades que nos harían más verdaderos. Pero ¿Será que nos da miedo la felicidad intensa, sin límites, porque va unida a la tristeza intensa sin límities?
    Aunque yo soy de los que cree que cuando se ama sin límitaciones, cuando se da todo sin esperar recompensa. La pérdida queda rápidamente desplazada por ese amor que diste en vida y que no sólo no se pierde con el difunto, sino que brota de tus entrañas con una fuerza inaudita pues no tienes dudas, ni remordimiento porque te entregaste sin miedo, sin reservas y eso te ha hecho fuerte muy fuerte, como para que la muerte no os separe más.
    AHORA SIEMPRE VIAJARÁ CONTIGO EN TU CORAZÓN.

    Vallekanocanarion — 13-11-2005 19:55:43

  2. Quería plasmar una terrible angustia que no es entendida ni aceptada y sí, desde luego se refiere que uno, una se puede y se siente TAN MADRE sin haber engendrado o parido, podría ser que empezaba a hablar de un hijo adoptado, un humano de otra madre biológica. Hasta ahí todo muy emotivo y aceptado socialmente. Pero no, hablo de mi maternidad interespecies, de un amor sin medida hacia "un ser inferior", o como tu interpretas, hablo de amor, pura y simplemente. Me gusta que tomes mis palabras y las adecúes a tu sensibilidad y tu devenir pero mi grito desesperado es una REIVINDICACIÓN AIRADA Y URGENTE. Quiero que se igualen todos "los amores", se liberen de prejuicios y leyes humanoperversas. Quiero que se pueda amar a lo diferente, a lo extraño a lo ajeno. Quiero TOLERANCIA Y RESPETO. Quiero normas que protejan a mi hija cuando yo me haya ido por accidente. Que la mantengan sana física y psiquicamente y que asuman su diferencia. Mi hija forma parte de nuestro entramado social. Nos convino así hace millones de años y aún no nos hemos despegado de la mugre egoísta y vanidosa como para integrarnos sencillamente, coherentemente.

    Y ESE FUTURO TAN CIERTO a la vez, no es más que un llanto, una elegía dicha en vida porque en muerte de nada sirve. Es un canto a la vida, a la entrega, al instante pasado juntas, a la amistad y a la urgencia a la esperanza.

    Y me alegra de que lo conviertas en un homenaje que va más allá y lo hagas tuyo y de todos y todas.

    Gracias.

    Sofia — 14-11-2005 13:38:18

  3. Me ha costado acabar de leerlo...mi caso es el contrario, tengo a mi madre aquí en el sofá, hace 4 años que los médicos la dieron por muerta y desde entonces ha engordado más de 5 kilos aunque su mente...cada día me levanto pensando..¿Será hoy? y se me hace insoportable hasta que la levanto y veo que todo anda normal (dentro de la anormalidad de la Demencia Senil)
    Un fuerte abrazo

    carlosues — 14-11-2005 14:30:33

  4. querido amigo Sues ( y digo Sues porque ambos comentaristas tenéis el mismo nombre y mi cariño, desde luego), al final, resulta que hablamos de amor, de entrega, de confianza mutua y dedicación en cuerpo y alma. Enhorabuena a tu madre por su fuerza y por tener un hijo como tú siempre luchando juntos. Todo un orgullo. Y un ejemplo.
    Salud y fuerza, Amigo
    :)

    Sofia — 14-11-2005 15:24:43

  5. me siento mal por no leerte más....
    soy un ingrato
    y vive Dios que te admiro
    y te envidio
    y te admiro
    y te envidio y te admiro...

    Sánchez, Gustavo Sánchez — 14-11-2005 22:46:44

  6. Vale, Gus, tomo nota, seguramente se estaba poniendo el tema demasiado sensible, eh? Te vas a enterar como pases por la serranía...
    Y por favor envidias ni una que solo dan disgustos.

    Cortés, Fernando, Cortés, que tienes una guasa, ay ay ay.
    ;p

    Sofia — 15-11-2005 00:32:17

  7. Se me hace un nudo en la garganta, se me encoge el corazón y deseo abrazarte y acurrucarte, y quisiera protegerte de esos pensamientos, los peores que puede pensar, sentir y dejarse llevar una madre.

    Yo que soy madre y que amo a mi hijo hasta el infinito y que su bienestar es mi felicidad completa, si de pronto me faltase, si el destino me lo robase, si la vida me lo arrancara... fatal pensamiento me traspasa el alma, el cerebro se me bloquea al no encontrar explicación que calme mi corazón, camino hacia el abismo sin miedo y sin dolor, pues no concibo mi vida sin él. Por eso, porque yo siento tanto amor por el mio, comprendo perfectamente tu amor, tu dedicación y tu angustia a perder a tu preciosa hija ( a la que por cierto quiero con todo mi corazón y a la que debo tanto, primero me quiso ella a mí y esperó pacientemente a que yo la quisiera a ella. Y así fue, muy fácil, infinitamente más fácil que con los "seres humanos") y quisiera hacerte llegar fuerza y valor para afrontar un destino tan cierto y espero que muy lejano, pero que cuando llegue yo estaré contigo y a ella la llevaré siempre en mi corazón, como te ha dicho nuestro hermano con orgullo por haberla querido sin límites y haberla cuidado como se merece.
    NO lo olvides, tu familia estará siempre.

    Pero, por favor, de momento disfruta cada minuto de tu hija, destierra esos pensamientos desgarradores, se feliz, lo más que puedas, al lado de la familia que habéis creado, y dale a mi sobrina un millón de achuchones y revolcones de parte de su tía.

    Os quiero mucho a los tres.

    Tu hermana — 15-11-2005 01:23:33

  8. Joder, hermana... SIN PALABRAS.
    Bueno, sí... Gracias.

    Sofia — 15-11-2005 11:03:30

  9. Cuando se ama, da igual que los hijos sean biológicos o adoptivos. El amor está por encima de los accidentes físicos, es grande, inconmensurable.
    Al leer tu escrito se me han agolpado sentimientos que me asaltan algunas veces, ¿Y si le pasara algo de repente a cualquiera de los dos, un accidente, una enfermedad mortal?. Sólo me abandono unos segundos a esos sentimientos de dolor y pérdida, e intento descartarlos enseguida. Creo que no lo podría soportar.
    Por otro lado, una vez que te comunican la sentencia, creo que lo mejor es intentar ver la parte positiva. Sabes que tienes el tiempo limitado, que cada día puede ser el último, y por ello, ha de vivirlo con toda la intensidad, con toda la ternura, con todo el amor, con toda la alegría,... con toda la fuerza que tengas para atesorar esos buenos recuerdos que siempre estarán contigo. Piensa que los demás vivimos pensando que nuestros hijos nos sobrevivirán y por ello les damos menos importancia a los detalles, a las pequeñas cosas, les dedicamos menos tiempo porque pensamos que mañana tendremos más.... Pero no sabemos cuanto. Y de repente faltan, y el vacío es mayor porque piensas que hay tantas cosas que no hiciste con ellos, tantas cosas que no les dijiste, les regañaste más de los besos que les diste....
    un beso y mucha valentía.

    flora — 19-11-2005 21:19:55


Comentar



Recordar datos




courses: .fr.de.pt.jp